top of page

VOLVER A JUGAR

  • Por Eliana De Gennaro, Psicóloga.
  • 1 nov 2016
  • 3 Min. de lectura

“¡Pica para todos mis compas!” Se oía gritar en los cumpleaños, en las escuelas y en las casas cuando había alguna reunión. Y es que antes nos divertíamos jugando… nos divertíamos interaccionando en una escondida, haciendo tortitas de barro, reparando juguetes, preparando un té imaginario en la casita, armando cosas con bloques, inventando, creando, leyendo, soñando despiertos.

¿Y es que ahora no se juega? No voy a generalizar, porque sí, todavía hay muchos niños que juegan, pero muchos otros, a mi criterio, sólo se entretienen. Pasan el rato, todo les aburre, nada los llena, cada vez exigen más cosas y más tecnología. Uno entra a una sala de espera y se encuentra con el siguiente panorama: niños entreteniéndose en su celular (¡hay chicos que tienen mejores celulares y más caros que el de los adultos!), el que no en una tablet y otro grupo, mirando tele. Quizás alguno que otro llevó un juguete, pero casi extinto está el que lleva un librito de cuentos.

¿Y por qué ese aburrimiento constante? Los chicos que se aburren, lo hacen porque no juegan, no inventan, no crean cosas. La tecnología se ha ocupado de asuntos muy buenos (por ejemplo, que hoy están leyendo esto en una computadora o teléfono, podemos acceder a información importante inmediatamente y un sinfín de cosas) pero por otro lado, ha generado un “masticamiento y digerimiento” de aquello que antiguamente no nos estaba dado. Mirar una película no permite imaginar como lo hace un libro, pintar a Mickey Mouse en una tablet no permite practicar la motricidad fina ni inventar un dibujo propio, construir ciudades en una computadora no otorga la misma capacidad viso-motriz que hacerlo en el piso con bloques… y así una interminable lista. Además, está el tema de la necesidad de llenar al niño de cosas, de lo último que sale, de los juguetes más elaborados, llenos de luces, colores y sonidos. No digo que sean malos, no digo que no sean lindos, pero también es necesario que tengan masa (la podemos hacer con ellos en casa y, de paso, pasamos tiempo juntos), que tengan bloques, que se ensucien con barro, que jueguen con botellas, tapitas, cajas de cartón y todo lo que encuentren, que agarren la escoba de caballito y corran por toda la casa. Es que no hay nada mejor que los juegos que estimulan la imaginación y la creatividad… y si podemos compartir eso con ellos, ¡qué mejor! ¿Hace cuánto que no jugás?

Por otro lado, está el tema de la interacción. La otra vez una mamá me comentaba que su hijo se había reunido para festejar un cumpleaños y que el festejo consistía en jugar a la Play Station. Mencionaba que, no sólo que no conversaron nada, sino que salió peleado con los compañeros porque no había ganado. Así es como la tecnología puede unir a la distancia y desunir a la proximidad. ¿Dónde quedó el partido de fútbol o el pijama party en donde se jugaba al “verdad-consecuencia” y te matabas de risa toda la noche?

Y es que somos seres sociales y como tales necesitamos interaccionar, compartir con el otro, charlar, debatir, reír, que nos duela la panza de tanto reír… ¿cuándo fue la última vez que te pasó eso? Seguramente en una reunión con amigos o familia, no en un chat o jugando un video juego. Permitámosle esto a nuestros hijos, volvamos a jugar, a reír a pintar, a crear, a reírnos a carcajadas…


 
 
 

Comentarios


bottom of page