¡GORDA, LARGÁ LOS POSTRES!
- Eliana De Gennaro
- 20 oct 2016
- 2 Min. de lectura
“¡Gorda, largá los postres!” me gritó un grupo de jóvenes de aproximadamente mi misma edad mientras corría por la calle frente a la playa de Santa Teresita a los 19 años. Con 1,67 metros de altura en mi haber y 58 kilos de peso, la rabia hizo que un fuego interno me subiera desde el estómago hasta la cara y el corazón me latiera a 1000 por hora… miles de geniales contestaciones se me ocurrieron minutos después de que el grupo de cobardes huyera en un auto.
Maquinando, embroncada, se me pasaron miles de recuerdos por la cabeza: ¿cómo que gorda? ¿Con qué derecho “insultarme” así?
Habiendo sido una niña obesa y habiendo pasado situaciones de burlas en la escuela, aun recuerdo a un compañero, con nombre y apellido, que en cuarto grado me sacó la silla y cuando me fui de culo al suelo, simpáticamente (léase mi sarcasmo) gritó: “terremotoooooo”.
Decía que, habiendo sido una niña obesa había aprendido a calmar las penas con comida, a pasar lo emocional y llenar vacíos internos con dulces, pizzas, pastas y, obviamente, postres… los postres fueron los que tuve que largar cuando decidí “verme bien” a los 13 años de edad.
Entonces me preguntaba, con tanto esfuerzo, con tanta lucha diaria, con tanto nutricionista, psicólogo y grupos de ayuda, ¿por qué esos pibes me “insultaban”? Capaz porque no cumplía con los estándares de belleza y flacura impuestos por esta sociedad, capaz porque… no sé, capaz solo por molestar…?
La obesidad no es porque sí, no es “solo tenés que dejar de morfar y hacer un poco de ejercicios”, no es “a mí me resultó tomar un licuado de cáscara de ananá y apio”, no es “ponele fuerza de voluntad”, no es “está gordo porque quiere”… la obesidad es una enfermedad compleja, multicausal, con un gran componente emocional, por lo que para tratarla se necesita ayuda desde diversos ámbitos: médico, nutricional y psicológico. Porque si no fuera así, pues que fácil sería largar los postres…

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